lunes, 30 de diciembre de 2024

Mordedura de fruto caído.

 A esa paloma de piedra, que te debo la suerte encontrada tras la puerta, porque no crucé la mirada con otra intención que de un morir de protestas, de mellas y crudas penas, saciante guardia que me talló, cuando sentí el ser igual que tú; en la deuda del silencio.  

Cumbres y amaneceres.

 Se dice que el sol se levanta cuando el gallo canta en la barranca. 

Crecer de la nada.

       Las señales del olimpo se marcan desde las virtuales complejidades del paradisiaco virginal sueño al sutil desdeñado intrincado visio...