Las señales del olimpo se marcan desde las virtuales complejidades del paradisiaco virginal sueño al sutil desdeñado intrincado visionario crucial andante marinero de roquedos y umbrales desconocidos me adentré, por vencer la curiosidad al tiempo vendido que del romper eslabones desde su perspicaz e insolente sortear de entre las montañas desnivela sus palpitadas sombras entre un hogar que fue de sus ancestros por los predecesores, a iluminar al sueño si descubriera cada palmo de transito al idealizado mundo del cual vengo, dispongo y asumo que soy un alma que camina por otros y cuando a mi destino llego un timbre en las suelas crepita de resquiciosa índole alcanzable para tramar cuantos como tu mismo llorar y reír fuéramos discípulos hacia tocar la altura del cielo donde termina el hogar de los humildes, de los que se conforman con ver toda divisa desde donde antes quisiéramos bajar por esclavos, vencidos y dominados, pero hay algo mejor que en el ir y venir puede llenar el alma, y el besar el cielo.
Cumbres que descubrir, sendas inquebrantables, bosques impenetrables de zodiacos sus estrellas a hojas pendientes a iluminar cada paso entre tanto un vahído perdura al través que horizontales enmudecen en comprensión al único momento cuando pensé si de cruzar el laberinto seria capaz rondar los roquedos esta vez, por puzles que así cayeron de lo alto; y los pilares como arboles sostienen el rumbo por si alguna vez en su puesto de mordaza multitudinaria del que no pudo pasar sus últimos deseos se hacen cortinas en las nubes borrando todo lo que quedo atrás. Si desmesurado esforzara a tan compartir del camino cuando es olvido allí arriba ahora por qué tengo que volver a mi hogar sintiendo querer llegar mas alto y descubrir los secretos que las cimas guardan, hablar con los corteses ángeles guardianes y desde el corazón decir por tanta insolencia desde donde puedo decir por ello al mismo compas del tiempo perdido por tanto vagar en incontables subidas y bajadas que era mi nacimiento plateresco al comulgar el la delirante y doliente palabra entonces si era mi cuerpo una montaña y yo el que subía por ella su mordaza al viento cuando quería saber con todas la veces en las que me reflejé en cada una cual nombre me llevó a su secreto por cuantos silencios ensordecí y entable por cortes paciente del bárbaro supe pedir perdón al vencer y saber en su rastro si fui raptado por creer en la nada.. . .

