Al otoño de octubre de mil colores ni camisa ni trajes habrás de llevar, mas si llegar a noviembre de la sotana librar te pudieras la piel mudarías.
Por nieblas del norte, a su casa que es la mía; si conoces donde alegre y jovial de buena parte vienes en el monte as de fiar.
Por lucir de buena mano un paraguas, a otro su querer, que es un hermano; sino un sin fin de rogar.
Ni solo ni dormido otoño de sastres descosidos.
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