Con la verdad en un puño, el ejercito por derrocar. Al comandante su orden, par de dos; con el que hubieran vencido una guerra. Por todos los clamores ocultos en una palabra; felicidad!
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Crecer de la nada.
Las señales del olimpo se marcan desde las virtuales complejidades del paradisiaco virginal sueño al sutil desdeñado intrincado visio...
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