Sabe el mar que allí bravo fue su tiempo, pero ya no quedan palabras del viento que la plata se llevó en un jarrón de soles gemelos, porque su amo no tuvo mayor deseo, quedar en paz con su universo.
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Crecer de la nada.
Las señales del olimpo se marcan desde las virtuales complejidades del paradisiaco virginal sueño al sutil desdeñado intrincado visio...
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